Resumen por Capítulos del Libro La Tía Tula

Miguel De Unamuno nos presentó una gran novela de ficción o como él la categorizaba “nivola”, un término neologista, creado por el mismo. En  el resumen  de La Tía Tula,  cada parte de la obra será esencial, de forma detallada,  observando el drama y tristeza transmitidos por la trama, además de resaltar la antropología del levirato y sororato, en el contexto de represión sexual, que caracterizaba las culturas del siglo XIX.

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La Tía Tula: Resumen

La tía Tula, fue la pariente que se cristianiza en la matrona de 5 infantes, luego del deceso de su hermana Rosa, quien fue la esposa del atractivo Ramiro. Manuela era una integrante de la obra fuera de lo común, por la cual conocemos el sentido de la dicotomía virgen y la concepción, unida a los abecés de la ortodoxia, mediante de la matiz de una madre incomprensible, compleja y de un gran ímpetu sexual.

Inicio de un Romance

Gertrudis y Rosa son unas hermanas muy compenetradas,   vivían desabrigadas de padre y de madre desde muy pequeñas, con un tío materno, eclesiástico, que no las resguardaba, pues ellas placían de un patrimonio que les permitía sustentarse en la amplitud de la honestidad, pero les daba consejos y era buen pariente.

Rosa le preguntó a Gertrudis, su sentir con relación a su pretendiente Ramiro Cuadrado. Ella, también acreditada como Tula, era reverenciada  y admirada tanto por su tío Primitivo, como por su hermana y su opinión era respetada y escuchada.

Respecto al enamorado, objetiva por demás, afirmaba la unión entre ellos pues ambos se querrían bien. Al tío, sólo le bastaba el dictamen de su sobrina mayor para saber que la pequeña estaría en buenas manos.

Transitaron un par de años  y Rosa estaba intranquila porque Ramiro se manifestaba alejado cada vez que ella insinuaba el casamiento, así que se lo expuso a Tula y ella tomó la intrepidez de conversar con él.

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A la amanecida consiguiente, él fue a la residencia de las hermanas esperando toparse con su pretendiente, pero en su lugar Gertrudis le afrontó con mucho endurecimiento y firmeza, cuestionándole si amaba a su pequeña pariente y forzándolo para fijar el día de la boda. A la mañana siguiente ya se había estipulado el día del compromiso.

Primitivo comprometió a Ramiro y a Rosa. Gertrudis celebró mucho el casamiento y se conmovió mucho. Tula agasajaba a la pareja y  de vez en cuando iba a almorzar o a dialogar con su hermana. Un día, Rosa amparó a un perro de la calle y su hermana satirizó esa chiquillada, pues su mayor anhelo es que su pequeña tenga hijos.

Una vida tranquila

Un día la recién casada decidió ir a su vivienda, porque ella había rebajado sus visitas y le dieron el informe de que habían regalado al perro, porque ya estaba fertilizada. Desde entonces, la imponente descendiente mayor empezó a frecuentar más la casa de su hermana.

En el parto de Rosa, que fue muy doloroso, nadie estuvo más competente y tranquiliza que Gertrudis. El doctor estaba desalentado y Tula reivindicaba, con su perfil enérgico, que nadie saliera difunto. Ramiro estaba muy desesperado, pero posteriormente conoció a su primogénito.

Tula le sugirió a su hermana que le colocarán por nombre Ramiro y que al próximo niño, el cual sería niña, la llamaría Gertrudis. A partir de esa fecha, Tula iba diario a casa de su semejante para atender y motivar al pequeño Ramiro. Era como una intranquilidad en la tía la de ir atrayendo al niño, ya desde su más afectuosa edad de irreflexión, de no pecar de ignorancia en el amor del que había surgido.

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Le colgó en el cuello un distintivo de la Santísima Virgen, de la Intachable Madre, con su niño en brazos. Con periodicidad, Rosa se impacientaba en tranquilizar al niño y envolverlo en sus pañales, pero Tula tomaba al niño bajo su cuidado y remitía a Rosa con su marido, para así compartir el trabajo. Y así pasaba el tiempo y llegó otro nacimiento, una niña.

Al poco período de tiempo de nacer la niña hallaron un día difunto al caritativo de don Primitivo. Gertrudis lo desempolvó, limpió y engalanó para su sepelio. Ella sufrió mucho su muerte, pues en cierta forma él se había transformado en un papá para ellas, quien las adiestró de una manera devota y culta.

Primera tragedia

Rosa le invitó a su hermana que fuera a residenciarse con ellos, pues ella se encomendaba enteramente de la formación de sus hijos, no obstante Gertrudis, se rehusó afirmando que no quería entorpecer. Tula siguió visitando a su hora para ir enseñando a los niños y estar a la mira de todo aquello de lo cual la pareja no podía preocuparse.

Llegaba ya el tercer hijo del matrimonio y Rosa  lloriqueaba de su fertilidad. El embarazo fue muy inoportuno y la dejó casi sin fuerzas. Gertrudis le presta atención al caminar de su hermana, puesto que lo hacía con dificultad y, en cierta forma presentía algún mal.

Ramiro estaba nervioso porque veía que Rosa no tenía más entusiasmo por vivir después del parto; su resistencia se desvanecía y le entristecía pensar en su soledad. Ella le reivindicó a Gertrudis que cuidara de sus hijos y de su marido, proponiéndole que ella conquistara su lugar en la familia, no obstante, Tula le dio su  palabra que cuidaría a sus hijos, más no se comprometió en casarse con él.

Tula trataba de alimentar con el biberón al niño, pero éste sollozaba y objetaba el alimento, así que se enclaustró en una habitación  con su sobrinito y le intimó a la Virgen Santísima un milagro para poder alimentar al niño con su seco pecho.

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Escuchó unos movimientos acercarse a la puerta, recogió su pecho y dejó pasar a Ramiro, quien le daba la triste noticia de que Rosa había fallecido. Tula le dijo que ahora habría que resguardar y formar a los niños.

Ramiro rectifica retrospectivamente su vida de casado con Rosa, estima el papel y la cualidad de Gertrudis durante el proceso de noviazgo y el casamiento con su amada y se muestra susceptible ante el fallecimiento de su esposa.

Una Propuesta Difícil

El dolor se le atenuaba y sólo cobraba el sentido cuando se acercaba Gertrudis. Al parecer, Ramiro está pensando en Rosa y luego en Gertrudis como consecutiva del papel de compañera y madre de sus hijos.

Gertrudis que se estaba mudando a la vivienda de su hermana desde que ésta empezó a  complicarse del organismo, le dijo un día a su cuñado que recogería su vieja residencia y que, vendría por completo a vivir allá para estar al cuidado de los niños. Ramiro emocionado, le llamaba Tula, pero ella le pedía que siempre le llamara por su nombre, fundamentalmente frente a los pequeños y ella procuraba en lo mas mínimo que estuviera un chiquilín, cuando estaba cerca de Ramiro.

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Un día Ramiro reveló que ella había conservado una relación escondida con su primo Ricardo, pero ésta terminó en cuanto Tula tomó la determinación de dedicarse de lleno a la educación y cuidado de los hijos de su hermana a quienes llamaba sus retoños.

Ricardo fue a agasajar a Tula para pedirle que reconsiderara y se casara con él, pero ella estaba definida en que no se casaría nunca y su única misión era cuidar a los niños, pese a que a la muchedumbre pensara en que vive ahora en casa de Ramiro para casarse con él.

Ramiro le insinuó a Tula la posibilidad de acoplarse, pero ella, tajantemente, dijo que no deseaba contraer matrimonio y sólo quería cuidar a los niños de su hermana. Ramiro creía que en dado caso Tula debió ser reverenda, pero ella decía que no le gustaba que nadie le diera dictámenes.

Entre ceja y ceja

Después de varios días acontecidos, Ramiro seguía sin perder de vista a Gertrudis, hasta que un momento él le dijo a Tula con la misma intención que era inadmisible que ella residiera en la casa, colmándola de su calor y floreciéndola en alma y cuerpo, sin que él abrigara ningún sentimiento,

Además, si tomaba la decisión de  marcharse, los niños sufrirían mucho porque la quieren más que a su padre. Ella le pidió que le diera un año para pensar las cosas y entonces le diría si se enlazaría con él o no.

Ramiro tomó la decisión de fijar su camino en la política y designarse candidato para ser diputado local, lo cual hizo muy pertinente a Tula, pues de esta forma él se mantendría abrumado.

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En el espíritu de Gertrudis se liberaba una batalla entre el corazón y la conciencia. Ella opinaba que su hermana no pretendería que fuera mujer en carne de su esposo y, todas las tardes imploraba en su honesta habitación ante la virgen santísima. Innovaba voluntades para acallar sus reflexiones y tranquilizar el deseo de su cuñado.

Ramirín, uno de sus sobrinitos, llamaba a Tula, mamita, aunque su padre le pidió que la llamara tía, pues objetaba que todavía era solo eso pero que pronto sería su madre. Ante esto, le pidió a Ramiro que no confundiera  más a los niños.

La familia fue a disfrutar  las festividades al campo, pues Ramiro escudriñaba instantes para estar a solas con ella y la pradera, en lugar de someter su apetito sexual, aumentaba lisonjeramente a los divinos horizontes que observaban. Una tarde, al mirar la luna rojiza, él formó una inverosímil comparación entre el satélite, áspero, recóndito y con su parte sombría y Tula,  luchaba por frenar la conversación.

Descubrimiento infame

Gertrudis apreciaba que el campillo no era original, en la capital estaba su retiro, allí calmaría a su pretendiente injurioso y por ello urgía en ir de retorno lo más rápido posible.

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Tula soportaba tal desconcierto que fue con el Padre Álvarez al confesonario. Éste le expresó que la condición de Ramiro era comprensible, que ella debía razonar y ayudarle, que no había nada de malo en casarse con él y le debatió su afecto por él y qué sucedería si desde un principio él la hubiese pretendido a ella en lugar de Rosa.

Tula salió muy trastornada y enojada porque creía que el Padre no la entendía del todo, no obstante, consideraron por igual sus consideraciones hacia su cuñado. Vertiginosamente, notó Gertrudis que su pretendiente era otra persona, que ocultaba algún enigma, que andaba prevenido y que salía mucho del hogar. Y a un impulso de paciente astucia logró atrapar las miradas de prudencia íntima entre él y la criada de la casa, Manuela, una  muchacha desamparada de 19 años.

En una jornada diaria  Tula sorprendió a la sirvienta salir  del dormitorio de Ramiro y en ese mismo instante fue a implorarle que se casara con ella. Este no entendía lo que le pedía e incluso le recordó que su hermana Rosa había encargado que los niños no tuvieran madrastra.

No obstante, ella fue segura en su petición porque la joven estaba encinta y aclaró que continuaría criando a los niños y seguiría siendo como su madre, pero ahora debía de cumplir con su deber, pese a que fuera una criada, pues debió haber pensado bien sus actos antes de embarazarla.

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La culpa que invade

La criada y Ramiro se unieron en matrimonio, pero en el hogar parecía ella aun la sirvienta y Gertrudis la señora de la casa. Pese al apocamiento que sentía la joven, Tula la invitaba a sentarse junto a ellos en la mesa para que sus sobrinos comprendieran que era parte de la familia y que no debían seguir disimulando, pues ello avivaba  ideologías mal entendidas.

El estado de cinta de Manuela fue muy penoso y dificultoso, Tula realizó lo mismo que los embarazos de su hermana Rosa, tomó al pequeño niño y se lo dio a conocer a su progenitor, quien lo observaba con lástima y compasión.

Repetidamente, la necesitada Manuela, la huérfana, se encontraba encinta y Ramiro estaba muy desabrido con la situación. El doctor, don Juan, pronosticaba que la madre no soportaría mucho, después de su alumbramiento.

Gertrudis asimismo lo notaba en el semblante de la chica. El médico parecía ofrendarle un cortejo honesto a Tula, a quien en secreto extrañaba, considerándola una dama encantadora, enérgica, sutil y con una increíble silueta esbelta.

Entonces en la vivienda, todo estaban preocupados por Manuela y las atenciones eran para ella, de forma repentina se hundió Ramiro en cama por una pulmonía. Sin embargo, a última hora en que la temperatura alta lo dejó más tranquilo llamó a Gertrudis a su habitación y le expuso todo el amor que él sentía hacia ella, desde el inicio, en el momento en que Tula incitó en juntarlo con su hermana, era a ella a quien extasiaba en su mirada y notaba en cada instantes que la tenía a su lado.

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A la dura mujer se le colmaron los ojos de sollozos lamentos, declaró que ella lo rechazaba continuamente por desconfianza a los hombres y unieron sus labios, resultando un beso de profundo de amor tardío.

La solitaria Crianza

Al continuo amanecer, trasladó a los chicos al tálamo de su progenitor ya agonizante y convertido. Prontamente fue Manuela y de exiguo momento casi perece de la angustia que le proporcionó la noticia sobre el padecimiento de su amado.

Ramiro venció su aliento lamentándose de no haber alcanzado su amor con prontitud. Ella, la tía, deshabitó su alma en gemidos de tortura sobre el cadáver inmóvil del padre de sus hijos, de su menesteroso cuñado.

Sucedió un desfallecimiento en aquel cobijo, ya que los chiquillos eran inexpertos, de notar todo lo que estaba acaeciendo y la necesitada enlutada, combatía por conservar vivo al individuo que acarreaba interiormente, más como estaba predicho, feneció en cuanto surgió la criatura, desolada y abandonada, tal como había llegado al orbe su madre. Y fue esta víctima, la que más profundizó el coraje de Gertrudis, que ya había presenciado tres muertes anteriormente.

Era así que esta defunción recordaba las otras muertes y la iluminaba aún más. Tula se concebía la causante de la expiración de Manuela, fanatizaba que había ocasionado el lamentable hecho de la miserable expósita, se le plasmaba que era como Eva, quien asimismo sucumbió sin mamá. Y todavía permanecía la tía con sus cinco crías, atendiendo en específico la postrera , uniéndola a todos sus hijos.

El primero, Ramirin era el exacto perfil de su papá, en estampa y en muecas, y su matrona se formulaba a impedir en él, las indebidas prácticas que poseía su progenitor.

Gertrudis fastidia por las invitaciones del doctor, le participó su descontento, indicándole estar puesta a cambiar de médico. Él le declaró que soñaba con hacerla su esposa y apadrinar a los chiquillos, que muy bien trataba, pero ella se rehusó de una forma muy certera, apodándolo sádico y corriéndolo definitivamente de su hogar.

Educación con Amor

Tula debatía la función del hombre en la devoción, como éste persistentemente ha sido inculcada en el varón y no en la dama, la límpida, la madre Magdalena. En el culto, se  expresaba Gertrudis al final es religiosidad de individuos y no de mujeres.

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Pasadas unas primaveras tranquilas y despejadas. La orfandad proveía a esa casa, de una luminosidad de sosiega paz. La tía tula  intentaba tratar a todos sus hijos sin diferencias, pero tenía favoritismo por Ramirín y por la más chica, la primogénita de la accidentada Manuelita, por quien se profesaba una inconmensurable culpabilidad.

Los enseñó a todos a guardar un recuerdo hermoso de su padre, pero le inquietaba especular en la discrepancia que alcanzaban concebir entre ellos al estar al corriente que de diferentes madres, así que les infundió que eran su descendencia y su matrona, para entonces, solamente sería ella.

Mientras educaba a los niños, Tula notó que poseía una incuestionable atracción por la geometría, ya que le infundía integridad y corrección, por otra parte, no pretendía tener conocimientos de morfología o complexión.

Gertrudis asistía a declararse con el mismo sacerdote que iba Ramirín, pues de esta misma manera podía vigilar y regir sus caminos. Cuando una vez profesó observar en el chico pensamientos sobrios y religiosos, concurrió sobresaltada al padre Álvarez y patentizó la culpa que consideraba al haber hecho hundir, en varias  oportunidades, al infortunado Ramiro con su pariente y con la ajena, por insolencia y por emulaciones.

Consiguió erradicar, a su sobrino de aquellos pensamientos ascéticos y lo fue tutelando para unirse con una dama que ella ya había designado para él, Caridad.

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Secreto del malestar

Tula y Caridad,  forjaron una amistad muy unidad, platicaban ampliamente y unidas efectuaban las labores del hogar. Ella le suplicaba a la joven que estuviera al cuidado de Manolita, tan deleznable, honesta y tierna. Esta chica entendía que la nena poseía  las propias condiciones que su íntima compañera.

Gertrudis, comenzó a sentir malestares, disimulaba sus vahídos y debilidades invariables y su fortaleza comenzó menguar. Períodos posteriores Manolita, igualmente se estuvo enfermando, así que la tía consiguió impulsos y se recuperó para estar a la mira de su pequeña; quien no asumía pretensiones de continuar existiendo si su matrona Tula sucumbía.

La robustez de la niña se regeneró claramente y su mamá se contagió de una bronconeumonía. Caridad pretendía atenderla, pero ella le exigía que se encomendara del fruto que cargaba adentro y que con la asistencia de la nena, quien ya muy recuperada de sus energías, velaba de su madrina, Rosa y Elvira, vigilarían conforme de ella.

La tía Tula no conseguía ya sostenerse en pie. Inició por conversar con Manolita, a quien le demandó que no regresara a tener pánico a la existencia, que vigilara de sus consanguíneos, así como ella lo disfrutaba al hacerlo.

Antes de agonizar, Tula les inspiraba a sus hijos que no inventaran cosas de las cuales se lamentarían y menos de no haber realizado algo y les exigió que imploraran por sus padres y por ella, además, intentó hablar del tormento y del infierno caluroso con el que son purificados los que desfilan por allá.

Gertrudis, falleció posteriormente, pero eternamente persistió en la vivienda intacta, perpetuamente con la franqueza perdurable, ya no tan matrona, ni como la tía Tula, sino únicamente como la tía, una casta de salutación ofrendada.

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Lucha por la unión

Manolita, quien acogió las cualidades de la tía, era la que preservaba a la familia unida y se inquietaba, por sus consanguíneos. Rápido se formaron conjuntos entre allegados y se crearon dos grupos: de un sitio, Rosita, la hija mayor de Rosa, asociada con Caridad, su acuñada y no con su pariente.

De otro, Elvira, la segunda hija de Rosa, con Enrique, su hermanastro, el hijo de la huérfana y estaban fuera de lugar Ramiro y Manolita. Él vegetaba, comedido a su retoño y a sus actividades comerciales y ella, cuidadosa de conservar las enseñanzas de la tía y la costumbre del cobijo. La joven se disponía a ser la unión entre cuatro posibles linajes venideros.

Aquella unión entre Elvira y Enrique, los dos medios hermanos, era considerablemente más precisa que cualquiera las de sus otros parientes, constantemente estaban unidos murmurando, no se alejaban un solo segundo, hasta que un día Manolita, insinuó que ellos convenían en conseguirse una compañía opuesta, ya que su actitud era la de unos mocosos.

Rosita solicitaba en gran forma a su cuñada para sus molestias, sus prejuicios y sus desconfianzas. Entendía que pedía demasiada atención y al no poseerla, se molestaba continuamente. Caridad le expresó a Manolita, que ya no sabía qué hacer con las inmutables lamentaciones y críticas de la joven, en referencia a su esposo Ramirín, así que la más pequeña enfrentó a la hermana, con tal endurecimiento y posición, que pensaban que arribaba del otro universo, del espacio inmortal de la estirpe imperecedera.

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La chiquilla adquirió el espíritu de la tía Tula y la obediencia por fracción de sus familiares al tomarla como la madrina, a través de ella.

Resumen de sus capítulos

Este Resumen de La tía Tula podemos dividirlo en tres partes contenedoras de los capítulos que conforman la obra, veamos.

Parte I (Capítulos 1 al 6)

Ramiro quien se ve en una gran duda, puesto que las dos hermanas son hermosas, pero aun así decide desposar a Rosa, la hermana mayor, al ver la certera elección presiona para que prosigan. Llegan a tener tres bellos infantes, que al final son criados por su tía. En el capítulo número seis, la hermana casada, fallece, pidiendo a Tula, que se encargue de su hijo y practique el levirato.

Parte II (Capítulos 7 al 16)

Siendo estos los capítulos centrales de la “nivola”. Florecen los sentimientos de Ramiro hacía Gertrudis, aunque ella se rehúsa con fervor, angustiada de caer en tentaciones carnales. Solicita a su cuñado una extensión de tiempo para reconsiderar ambos, en una profunda meditación esta situación del matrimonio entre ellos, aunque él con sus deseos sexuales al máximo no soporta la espera, así que este tiene relaciones con la sirvienta, quien por ello queda encinta.

Siendo impulsados a casarse por la situación, Ramiro demuestra su descontento. Instantes anteriores al nacimiento del pequeño, él hombre muere de una pulmonía muy grave, pero ante decide confesar sus reales idilios hacia Gertrudis.

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Parte III (Capítulos 17 al 25)

Tula se encarga de la formación de sus cinco, sobrinos,  a quienes enseña a llamarla matrona, ella se dedica a perfeccionar todo defecto en sus actitudes y costumbres. Ramirín, ya hecho un hombre, acrecienta la familia, uniéndose en matrimonio con la hermosa Caridad, quien se vuelve una gran amiga y ayuda de Gertrudis.

Unamuno con esta ficción grafía el argumento de la mamá intachable. El protagonista obtiene que los descendientes, de los cinco niños, son desamparados por las damas de su padre, sin desperdiciar su castidad. Con su aspecto de hierro, Tula intervendrá en los nuevos personajes para conseguir su aspiración de ser mamá. Inicialmente con su hermana Rosa y posteriormente con Manuela.

Más allá de ser una novela única, podemos observar ciertas caídas en la trama. La protagonista se siente herida, por sufrir a su hermana muerta, aunque de forma egoísta, la utilizó para poder cumplir su sueño de ser madre. La escena de deseo carnal y sexualidad serán la base principal de la obra.

Posteriormente de esas frases de Tula, el escritor muestra la sucesiva cavilación: “¿Pero quién pone barreras al pensamiento?”. Aquí viven las vacilaciones de Unamuno, precedentemente de la confianza, lo que trasladará al apetito fervoroso de propagarse hasta la defunción, fulgurado en el compromiso, en la imagen de la protagonista, que consiguió la perpetuidad Unamuniana, ambicionada a través de sus hijos.

Análisis Literario de La Tía Tula

En el resumen de La tía Tula, veremos reflejada la crianza materna desde su aspecto más lamentable, el afecto coligado al comienzo y la organizada regeneración de una vida, no constantemente provoca la felicidad.

Desde lozana, Gertrudis, no distinguiría dignidad en el casamiento, sino como coche de la sustancia. La libidines le horroriza, pues le cree  inquietante. Sin embargo, su ambiente no es frío, sino más bien rodeado de excitación.

En sus sentimientos e intimidades de Tula, el apego a Dios era principal, confluye en la estampa de la señora. La virgen María, es un estribo de la esperanza, adorar  al altísimo simbolizaba estar al extremo de la cruz, estar a la mira  de los hijos y a los aquejados.

Ese afecto reproduce el seguirlo, la tía estudia, con fervor a Santa Teresa, pero en su índole visionaria también se ve en el ánimo de don Quijote, preparado a desistir a todo para esgrimir a sus consideraciones.

Sin importar que algunos leyentes critiquen sus constantes errores y depresiones, como lo estuvo poseer como antelación atender a los otros en sucesión de a ella, es ineludible no estar familiarizado con ella, puesto que Miguel Unamuno, estableció a un personaje de la sustancia actual

La describió y la relató tan a la delicadeza que  varios ,en cierto instante de su existencia, se asemejan con está, puesto que, el literato ingresó a la imaginación de Tula, como si existiese en cualquiera de la vida real y concibió, que diversos individuos, a través de su narración, estuvieran, sobrellevaran y sollozaran lo que ella abrigó.

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Personajes de la Obra

En el resumen de la Tía Tula, desglosaremos ampliamente a cada sujeto descrito en la novela. Miguel de Unamuno,  detalla explícitamente, las características y fascinaciones de quienes compuso en esta ficción, Veamos como los define.

Gertrudis

Personaje principal. También acreditada como la Tía Tula. Una dama de representación enérgica, devota, mandamás, de gran ímpetu erótico, solemne, complicada, totalitaria, independiente y obstinada. Califica la esencia del prójimo y la confronta como la de los abejorros en la naturaleza de las reinas. Es la precursora de la armonía natural, una matrona íntegra que se ofrenda casi hasta la virtud. Nunca se deja intervenir por el qué expondrán y pesquisa la honestidad imperiosa.

Ramiro

El idilio de Tula, esposo de Rosa, la hermana y de Manolita, la sirvienta de la vivienda, respeta y reverencia a Gertrudis, apetece ligar con ella tras la defunción de su primera mujer. Se deja trasladar por sus impulsos, como hombre y no se conoce mucho de su temperamento más que a través de la representación de la feminista tía.

Rosa

Hermana de Tula. Confidentes inseparables, de gran hermosura y sencillez en su representación. Acataba y atendía con cuidado todo lo que su novicia le expresaba.

Don Primitivo

Es el pariente materno de Rosa y Tula, un clérigo de la capital en la que residen. Él se llevó a las jóvenes a vivir con él, cuando los papás de ellas fenecieron. Es un individuo de perfil endeble, algunas veces temeroso e inocente, que le huía a varias personas y a las sentencias de las idénticas con relación a él. Asevera que Gertrudis, adquirió la vivacidad, el contorno y la astucia de su mamá, quien era la hermana de él, poseyendo ambas la misma ficción.

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Manuela

Doméstica de la mansión que se caracteriza como la segunda cónyuge de Ramiro, porque queda embarazada y Gertrudis, propone que deben de casarse. Desprovista de origen, endeble, timorata y quebradiza.

Manolita

Hija de la huérfana y de Ramiro. La sucesora mimada de Tula. En un principio era la más afligida, enclenque y enfermiza de los consanguíneos, pero en todo lo que a su tía, abate enferma, cobra valentía a la subsistencia y tras la expiración de Tula, se trueca en la favorecida de su alma y su aliento, la unificadora natural.

Ramirín

Hijo mayor de Rosa y Ramiro. Predilecto de la Tía Tula, porque era la viva efigie de su papá.

Caridad

Esposa de Ramirín y confidente de Tula, cuando ésta se cambió a la vivienda con la familia.

Elvira, Rosita y Enrique

Elvira y Rosita son hijas de Rosa y Ramiro, mientras que Enrique es hijo de la huérfana.

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Contexto Histórico de La Tía Tula

Existen naciones en el que la humanidad aún es antigua, con progresos restringidos, dirigidas por estirpes sociales y afianzamientos religiosos de la firmeza católica; donde se coloca a España como ejemplo, por su cierre político a ciertos grupos elegidos y machistas.

Eso personifica la Tía Tula, el feminismo, puesto que la mujer antes de 1921, no era reconocida en España, cosa que ocurría con Tula, a pesar de que ella era la “matrona” de cinco chiquillos, ella no era agradecida como una mamá en la colectividad.

La nivola La Tía Tula; posee compendios que determinan a Unamuno, asume un exiguo de género de ficción, melodrama y pasión. La misma es una obra que brota de todos los síntesis exteriores y se agrupa en todos los talantes psíquicos del protagonista, puesto que, Tula personifica lo inverso de los desenfrenos, el entusiasmo y la ofuscación que tiene un pueblo en una explícita época, ella tiene integridades admirables, y asimismo tiene varios desperfectos, es una dama que tiene una imaginación llena de refutaciones.

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Juicio Crítico

Miguel Unamuno a través de la novela La Tía Tula, representó a una mamá límpida debido a que la protagonista, Gertrudis educa a cinco pequeños, en consecuencia del fallecimiento de sus progenitores. Es la matrona de esos niños, sin abandonar de ser intachable y es gracias a su representación, que manifiesta ser un ejemplo para ellos y efectúa su aspiración.

Tula, pretende tener una dependencia con Ricardo, el primo de Ramiro, gestión que no alcanza por ella misma. En el sexto capítulo, cavila acerca de las ilustraciones que le depuso el cristianismo, conmemorando lo que su tío Don Primitivo le dijo; “Me parece que lo que dices, Tulilla, huele un poco a herejía”, y ella le objeta que “tío es una tontería que puedo conjeturar y como usted dice que olfatea a la herejía, no especularé otra vez.

Enseguida de esto, el prosista depone una abstracción, “¿Pero quién pone muros a la ideología?”. Miguel Unamuno, exhibe sus vacilaciones con relación a la confianza y las presenta en el libro, debido a que Tula traspasa su representación a los chiquillos y apetece ser imperecedera.

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Muchos aseveran que la novela La Tía Tula es una asombrosa redacción debido a que aborda argumentos poco frecuentes como el ente de las personas de esas épocas, que poseían algunos, como antelación en cuidado de la estirpe y de los descendientes, principalmente jóvenes.

La nivola se manifiesta con un vocabulario hacedero de concebir y que llama la atención del leyente, debido a la atrayente confabulación que tiene la misma.

El sugestivo testimonio que mezcla el afecto y el desafecto, la niñez trágica que poseyó y poseyeron los niños, a pesar que los atendió y vigiló, la devoción, la muerte y todas las situaciones arduas que se emanan de las primeras peculiaridades, que tienen un aspecto propio.

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Glosario de Términos

Aquí se definirán las palabras más abrumadoras dentro del texto, para conseguir tener un mejor resultado en la comprensión.

  • Adulada: Halagada, complacida, agradada.
  • Hipodérmico: Debajo de la piel.
  • Hospiciana: Alguien que tiene asilo en un refugio.
  • Henchir: Llenar, ocupar completamente, colmar.
  • Albedrío: Capacidad de reflexionar y elegir.
  • Bronco neumonía: Enfermedad que consiste en la inflamación de bronquios.
  • Insurgente: Rebeldía.
  • Toca: prenda de tela para cubrir la cabeza. La de lienzo blanco usada por las monjas.
  • Amortajar: poner la mortaja al difunto.
  • Mortaja: Envoltura del cadáver.
  • Urbanidad: cortesía, buenos modales.
  • Amaño: destreza.
  • Depravar: viciar, adulterar.
  • Hereje: Desvergonzado, encarado.
  • Vorágine: Aglomeración confusa de sucesos, de gentes o de cosas en movimiento.
  • Arcabuz: Arma de fuego parecida al fusil.
  • Jergón: Persona gruesa, perezosa…
  • Glauca: Verde claro.
  • Azumbre: Medida para líquidos.
  • Borceguíes: Calzado que llega hasta más arriba del tobillo, abierto por delante y que se ajusta por medio de cordones.
  • Vástago: Ramo tierno de un árbol o de una planta.
  • Broquel: Escudo, defensa o amparo.

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La Tía Tula Película

La Tía Tula, en una adaptación española, basada en una trama dramática. Este fue el primer largometraje del director, Miguel Picazo, inspirada en la novela misma del escritor, Miguel de Unamuno. Fue estrenada en 1964, teniendo una recepción del 75% de agrado.

Reparto

  • Aurora Bautista…Tula
  • Carlos Estrada…Ramiro
  • Enriqueta Carballeira…Juanita
  • Irene Gutiérrez Caba…Herminia
  • Laly Soldevila…Amalita
  • José María Prada..Padre Álvarez
  • Mari Loli Cobo…Tulita
  • Carlos S. Jiménez…Ramirín
  • Julia Delgado Caro
  • Montserrat Julio
  • Margarita Calahorra
  • Paul Ellis

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Frases Principales de La Tía Tula

  1. ¿Amor? No, ni cariño siquiera, sino algo sin nombre y que no se dice por confundirse ello con la vida misma.

  2. No puedo ser remedio contra nada. ¿Qué es eso de considerarme remedio? ¡Y remedio…Contra eso! No, me estimo en más…
  3. Pero yo no puedo buscarlos. No soy hombre, y la mujer tiene que esperar y ser elegida. Y yo, la verdad, me gusta elegir, pero no ser elegida.
  4. Eso de amor…Sabe a libro; sólo en el teatro y en las novelas se oye el yo te amo; en la vida de carne y sangre y hueso el entrañable ¡Te quiero! Y el más entrañable aún callárselo.
  5. Hay un amor aparente y consciente, de cabeza, que puede mostrarse muy grande y ser, sin embargo, infecundo, y otro sustancial y oculto, recatado aun al propio conocimiento de los mismos que lo alimentan, un amor del alma y el cuerpo enteros y justos, amor fecundo siempre.
  6. Cuando la vio gozar, sufriendo al darle su primer hijo, es cuando comprendió cómo es el amor más fuerte que la vida y que la muerte, y domina la discordia de estas; cómo el amor hace morirse a la vida y vivir la muerte; cómo él vivía ahora la muerte de su Rosa y se moría en su propia vida.
  7. El amor, sí. ¿Amor? ¿Amor dicen? ¿Qué saben de él todos esos escritos amatorios, que no amorosos, que de él hablan y quieren excitarlo en quien los lee?

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